LUNA Y ESTRELLAS

LUNA Y ESTRELLAS
acrílico 2002

sábado, 4 de julio de 2026

Gregoria Larraín: El Gozo de la Creación y la Poética del Cosmos
Texto Curatorial
La trayectoria artística de Gregoria Larraín es un viaje de liberación hacia el encuentro con la alegría pura de pintar. Formada en el rigor del dibujo realista y tras una intensa etapa de experimentación con la acuarela —búsqueda geométrica y abstracta que, aunque estéticamente hermosa, no lograba colmar sus anhelos expresivos—, la artista experimenta en el año 2002 una transformación definitiva al radicarse en la IV Región (Ovalle y La Serena).
Es allí, a través de la conducción de talleres artísticos en el Hospital de Ovalle y el Hogar de Cristo, donde Larraín descubre en el lenguaje naíf y en el uso del acrílico su verdadera morada creativa. Este cambio técnico y estilístico no fue solo estético, sino una revelación espiritual: el acto de pintar se transformó en un canal directo de placer, vitalidad y generosidad —el don de sí misma volcado sobre el lienzo—.
En sus acrílicos de gran formato, la artista establece una cosmología tan sencilla como profunda. Sobre fondos de un blanco absoluto —que actúan como zonas de silencio y luz primordial— emergen motivos arquetípicos: una casa que simboliza el refugio, o una mujer erguida sobre la Tierra. Sobre estas figuras humanas y terrenales, se despliega un firmamento vibrante, poblado de lunas, soles y constelaciones estrelladas que dialogan con el célebre cielo del norte chileno. Esta propuesta visual generó una respuesta inmediata y genuina en el público, quienes supieron reconocer y valorar la autenticidad de una obra que nace del gozo y la entrega interior.
La extensión del lienzo: El archivo audiovisual
La propuesta de Gregoria Larraín se expande de manera natural hacia el lenguaje audiovisual en su canal de YouTube, el cual funciona como un diario de ruta y un acto de preservación comunitaria y familiar. A través de delicados fotorreportajes, la artista documenta la labor humanitaria de sus talleres de arte terapia y acuarela, capturando la chispa creadora de sus alumnos en el norte.

Este sentido de registro íntimo adquiere una dimensión profundamente emotiva en obras como "La casa del fotógrafo", un homenaje fílmico a su padre, Sergio Larraín, donde la cámara recorre la máxima sobriedad de su entorno cotidiano bajo la atmósfera sonora del jazz libre de Pablo Donoso. Asimismo, el rescate de su pieza en Súper 8, "El I Ching", creada durante su paso por la Rhode Island School of Design, devela los cimientos de una búsqueda mística que la ha acompañado siempre. Así, entre el lienzo vibrante y el lente cinematográfico, la obra de Gregoria Larraín se consolida como un mapa de luz, memoria y generosidad humana. 

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